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O Son do Camiño, una crónica tardía (Parte 3 de 3)


Y por fin el desenlace de esta historia que narra, en plan gonzo, lo ocurrido en el festival O Son do Camiño. Si no has leído las partes anteriores (y suponiendo que quieras hacerlo) están disponibles aquí: Parte1, Parte2.

Último día, sábado 30: Mitomanía.

Cuando me desperté por la mañana, mi afonía se había convertido en un auténtico problema. He descubierto que cuando estás afónico a ese nivel, la gente tiende a meterse más contigo a sabiendas de que no les puedes contestar ¡Malditos cobardes!

Nos habíamos despedido la noche anterior citándonos para un vermú que jamás ocurrió porque en algún momento habría que dormir. A eso del mediodía comenzó a llover a mares. Entre eso, el cansancio, que los grupos de la tarde no nos interesaban mucho (A excepción de Terbutalina, pero eran demasiado temprano) y, para que negarlo, que el Argentina-Francia estaba muy interesante, no nos presentamos en el recinto hasta eso de las 7pm. Justo a tiempo para enganchar el primer gin-tonic y ver empezar el concierto de Novedades Carminha.

Novedades Carminha, foto propia.

El auditorio estaba bastante vacío debido a las inclemencias del tiempo, que sin embargo comenzaba a mejorar. Lo agradecimos tras dos días de constante aglomeración ¿Y qué decir del grupo? Salieron con la ilusión y el aliciente que da tocar en casa y convencieron. Siempre he dicho que este grupo es el heredero del estilo de Siniestro Total por sus influencias punkis y su retranca. Mis amigos y yo no parábamos de mirarnos y partirnos con las letras (pero de forma intencionada, y no como el día anterior en Residente). Son una banda de reirse y bailar a saltos con tus amigos. No pretenden ser más y nosotros se lo agradecemos.

Ya os avanzo que este día ignoramos por completo el escenario pequeño. Mucha gente me dijo que León Benavente estuvieron de la hostia, pero por lo poco que he escuchado de ellos me parecen el típico grupo indie español de música coñazo y cantante sin voz que a la gente le mola “por las letras, que son pura poesía”. Ahora bien, es posible que en directo se transformen y mi opinión cambie radicalmente como ya me ocurrió en su día con Vetusta Morla.

Aclarado esto, los siguientes en presentarse en el auditorio fueron otros resucitados: Mando Diao, que siguen en su lucha por recuperar el éxito que ellos mismos tiraron por la borda tras lo de pasar inexplicablemente a cantar en Sueco, el álbum infame e igualmente inexplicable Ælita y despedir al cantante principal y cofundador.

Mando Diao, foto propia

Creo sinceramente que deberían comprarse una casa en Galicia: Es el único sitio en que siguen estando de moda y se les profesa un cariño fuera de lo normal. Pese a los espectáculos lamentables que han dado los últimos años en estas tierras, siguen tocando aquí con frecuencia y llenando. Joder ¡que este fue ya su segundo concierto en Santiago en lo que llevamos de 2018! Si siguen así van a acabar yendo a Luar como ya le pasara a Boney M.

El concierto fue mucho mejor de lo esperado (aunque estar, están cascaos) y la gente se implicó mucho. A lo mejor fue impresión mía, pero yo los vi emocionados. Coreamos, saltamos, hicimos ruido, nos lo pasamos bien, sí, pero fue un espejismo. Como una cena de antiguos alumnos: Mola volverse a juntar por una noche, pero los tiempos del insti no regresarán nunca.  Desde luego nada que ver con aquellos Mando que vi hace ya una década (justo antes del “Dance with somebody”) y parecía que se iban a comer Europa.

Me he puesto intenso con esta especie de elegía, esperad que compense: Como había mucha cola, meé contra un pino y se me metió meao en el tenis del Primark porque, como sabrán los que se leyeron el volumen anterior, estaban rotos. En fin, tras este asqueroso “inpass“, volvamos a la crónica.

Era el momento de prepararse para Lenny Kravitz. Reconozco que mi presencia en este concierto era por pura mitomanía, que no es el más noble de los motivos por el que ir a un concierto. Me da un poco de rollo esa actitud de coleccionista de cromos en plan “¡yo vi a tal!” y me temo que este era el motivo mayoritario por lo que la gente estaba allí.

Lenny Kravitz, foto propia.

Supongo que por eso mismo me encontré aquí con un par de posturillas un tanto desagradables. Como ellos van a por la celebrity y la música se la suda, se enfadan si les empujas accidentalmente al saltar. Si no quieres que los selfies te salgan movidos, vete del foso, que esto es un concierto de Rock, subnormal.

Si ya, cuando apagaron las luces, todo el mundo empezó a chillar (menos yo, que recordemos que estaba afónico), cuando al fin salió Lenny parecía que se derrumbaba el auditorio. Reconozco que es un portento. Desbordaba el escenario con su presencia. Inexplicable y magnético.

Pero atiende, que el cabrón arrancó con “Fly Away”, con dos cojones. Y siguió con varias bastante conocidas. Aquello era la releche pero acabó por ocurrir lo que yo me temía: En cuanto pasaron las 4-5 más populares, nadie se sabía ninguna más. Llegaba a ser un poco incómodo cuando ponía el micro para que cantásemos y solo se oían tímidos tarareos. Es el problema de cuando el personaje se impone al músico.

De todos modos, Lenny tuvo oficio suficiente para superar esos momentos y no dejar que decayera la cosa. Nos tuvo comiendo de su mano durante todo el espectáculo hasta que llegó el momento estelar: Sacó su Flying V, la mítica guitarra en forma de flecha, y puso todo patas arriba con “Are you gonna go my way”. Uno de los mejores momentos de festival. Lenny tocó  un total 20 minutos más de lo que le correspondía y la peña aún le pedía más bises. Una auténtica leyenda del Rock.

C. Tangana, foto de O Son do Camiño.

Entre el retraso del concierto y lo que tardamos de salir del auditorio C. Tangana ya llevaba un buen rato de concierto en el escenario pequeño. La verdad es que este tipo me tiene intrigado tanto por su música como por los jardines en que se mete y el tipo de gente a la que atrae. No estoy seguro de que me guste, pero lo que está claro es que hace algo nuevo y ha atraído a las nuevas generaciones hasta el punto de que me consta que hubo gente que compró la entrada del viernes solo por su concierto. Ignorarlo por “pijo” o porque “el trap es mierda” sería pecar de carcamal.

Me hubiese gustado adentrarme a ver qué ambiente se respiraba en su concierto, pero por desgracia había ya demasiada gente a esas alturas y además nos moríamos de hambre. Evité el sitio de los burritos mierder para caer en el de las hamburguesas veganas más secas de la historia ¿Podemos reconocer ya que los food trucks son una mierda, por favor?

La última actuación de la noche y, por tanto, del festival, fue la de Martin Garrix. A diferencia de con los 2 Djs anteriores, esta vez el auditorio sí estaba lleno. Estábamos destrozados y ya habíamos gastado nuestros últimos tokens. Nos lo habíamos pasado muy bien y nos resistíamos a que acabase, pero de pronto ocurrió algo: El Dj pinchó “Hey girl, hey boy”, de los Chemical Brothers, grupo al que iríamos a ver a Bilbao en unas semanas varios de los que allí estábamos.

Martin Garrix, foto de O Son do Camiño.

Fue como cuando en la ceremonia de clausura de las olimpiadas se le entrega el fuego a la siguiente sede, como si el festival nos diese su bendición y nos emplazase a la siguiente fiesta. Dimos por buena la señal y abandonamos el recinto antes de que la sesión de Garrix acabase.

Un fin de semana, en definitiva, memorable.

 

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O Son do Camiño, una crónica tardía (Parte 2 de 3)


Lo prometido es deuda y volvemos con la segunda parte de mis aventuras en O Son do Camiño, festival de música ya presentado en la anterior entrega de esta crónica.

Viernes 29: Los tenis del Primark are made for dancing.

Como ya adelantamos en el anterior episodio, nos despertamos bastante bien teniendo en cuenta lo del Jagermeister. Genial, porque pese a que esta era la única jornada para la que aun quedaban entradas, para mí era la más fuerte del festival. El día estaba nublado y daban posibilidad de tormenta eléctrica, pero finalmente solo cayeron un par de gotas.

La cantante de The Gift al darse cuenta de que olvidó renovar el tiquet de la zona azul. Foto de O Son do Camiño.

Esta vez los grupos de la tarde nos interesaban bastante menos así que llegamos directamente para ver a The Gift en el auditorio. Son, estos portugueses, el típico grupo que ves en muchos carteles pero rara vez a la cabeza, y eso que ya llevan varios años en el asunto. Pues para mí fueron la sorpresa del festival.

Salieron ante un auditorio semivacío, en el que la gente estaba más preocupada de si iba a llover o no que de atender al grupo, y nos pusieron a todos a bailar con su pop electrónico y una cantante entregada. Al final del concierto todos estábamos pegados al escenario y se llevaron una gran ovación bien merecida. Además, el teclista-bajista se parecía a Mortadelo e iba vestido como Filemón, gran homenaje a la cultura de este país. Hay que quererlos. Si tenéis oportunidad, no os los perdáis.

A continuación nos dirigimos a (la barra cerca de) el escenario pequeño para echarle un ojo a unos desconocidos PLYA. Correctos, pero no me llamaron excesivamente la atención. Los vimos un rato mientras apurábamos nuestras consumiciones y regresamos al auditorio donde nos esperaba, (sigh) Residente.

Residente, foto propia.

No me molaba nada Calle 13 y no tenía ningún interés por ver a uno de sus miembros en solitario. Me hubiese quedado de buena gana en el escenario pequeño, pero por motivos que escapan a mi comprensión, a mis amigos sí les gusta, así que no me quedó más remedio que ceder.

Tratando de ser justo, no estuvo tan mal. Un conjunto de buenos músicos y una carismática corista arropaban más que bien al rapero caribeño, que además demostró tener una excelente voz para el género que interpreta y una gran conexión con el público. Fue un buen espectáculo.

¿Cual es el problema entonces? Las letras. Sus canciones como Residente son activismo político del todo a 100. Las de Calle 13… pues lo que yo recordaba que era Calle 13: rimas sonrojantes y cierto tufillo machista-reggatonero. Pero insisto, una vez conseguí ignorar las letras, me lo pasé bien.

Antes de continuar, deleitémonos con este fornido mancebo cuya foto publicó la cuenta oficial del festival ¡¡Grrruaur!!

Después de descojonarnos un rato haciendo freestyle imitando el tipo de rimas de Calle 13, a mis compañeros les entró el hambre, pero esta vez no les acompañé. Se avecinaba el concierto, para mí, más esperado y no pensaba ceder mi sitio. El tiempo que estuve allí esperando me sirvió para hacer un inesperado descubrimiento: Existen personas a las que no les gusta Two Door Cinema Club. Un misterio de los de llamar a Iker Jiménez, oiga.

Solo uno de mis amigos había vuelto al sitio cuando, de pronto, apareció un fulano disfrazado de Pete Doherty que resultó ser Alex Trimble, el cantante de TDCC, y casi sin tiempo para recibirlo, arrancó nuestros pies del suelo con “Undercover Martin”. Empezaban a tope los norirlandeses y no dieron ni un segundo de respiro.

Se sacaron la presión de encima tocando de primeras las más antiguas y conocidas. Esto fue terrible para mi salud, porque me sabía las letras y me desgañité a cantarlas. Nunca aprendo. Nos hartamos de hacer el chiste de “Bueno, nos vamos ya, que el trabajo está hecho”, pero la realidad es que este grupo no tiene un tema aburrido. Tocaron de carrerilla, a penas interactuaron con el público y no tocaron bises. Sin embargo, de algún modo, sí se produjo algún tipo de comunión que no sabría explicar.

Two Door Cinema Club, foto propia.

Tras un final apoteósico, en el que no faltó “Sleep Alone”, me costaba hablar y mi camiseta estaba empapada. Hacía años que no disfrutaba tanto con un concierto. Lo único que no podía evitar pensar es cuánto más hubiese molado de haber sido ya por la noche, pero no se puede tener todo.

Debido al despliegue de fuerzas realizado, era indispensable descansar. Me reencontré con mis amigos al final del foso, al lado del control de sonido y me senté en el suelo con la espalda apoyada en la valla a tomarme un tinto de verano mientras esperaba por el plato fuerte del día: Jamiroquai.

Una vez más, mis gustos y los de mis acompañantes no coincidieron y decidimos quedarnos donde estábamos para ver a Jay Kay y sus colegas. Me había vaciado en TDCC así que tampoco peleé mucho por ir adelante.

Nos quedamos un poco flipaos cuando vimos el estado del cantante. El bueno de Jay ha sido toda su vida un hortera de primera división. Lo del chándal de yonki y el penacho de indio hace cierta gracia cuando eres un chavalín de 20 años, pero cuando eres un señor de 50 al que, además, le sobran unos cuantos kilos, da un poco de grima. En especial si el penacho en cuestión se ilumina como un árbol de navidad y decides ponerte unos guantes blancos como si fueras el puto Mickey Mouse.

Jamiroquai, foto propia.

Por suerte para todos, el cuidado que parece no haberle dado a su cuerpo sí se lo ha dado a su voz. Sigue siendo poderosa y llena de personalidad. Eso, junto a los músicos que lo acompañan, que nunca fallan, es más que garantía de éxito. Sonaron bien, muy, muy bien. Completaron el show con un acertado juego de luces que convirtieron el Monte do Gozo en una discoteca setentera, excelente para el ritmo funky con el que la banda siempre nos atrapa.

Hicieron un buen repaso de su carrera en el que incluyeron algunas canciones del último álbum y las clásicas: Little L, Cosmic Girl, Travelling without moving… Allí bailaban hasta los camareros, tanto, que mis tenis de 8€ del Primark dijeron basta y se rompieron. Y es que ya lo dicen ellos mismos en “Canned Heat”, uno de mis temas favoritos no ya de ellos sino en general: “You never see my feet cause they move so fast. Dance!”. Un gran esfuerzo al que solo cabe echarle en cara el no haber tocado “Virtual Insanity”, pero en fin, alguna hay que dejar fuera.

Justo al terminar, comenzaba La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) en el escenario pequeño. Este grupo me decepcionó, pero no por ellos, sino porque yo pensaba que eran otro grupo. Por algún motivo, creía que eran rollo La Pegatina o Bongo Botrako, y para nada. Hubiese molado un poco de rollo “hey chipirón” a esas horas y justo despues de Jamiroquai. Tonterías a parte, están bastante bien. Quedan de deberes.

Don Diablo, foto de O Son Do Camiño.

Después, mucha gente pegó la espantada y fue cojonudo porque se estaba muy cómodo viendo a Don Diablo. Como ya dije en el volumen uno, no soy muy bueno juzgando a los Djs. Estuvo divertido, aunque quiero mencionar el truco torpe y barato de sacar la bandera de España para ganarse al público ¿No tiene un asesor que le diga que eso en, este país y en un ambiente modernete, no mola? Que tampoco es que personalmente me moleste, pero…

La mayoría del pescao estaba vendido, sin embargo aún quedaba por ver qué sorpresas nos tenía guardadas el pez más gordo del festival al día siguiente.

Y esto dio de sí el segundo día. En breves el tercer y definitivo capítulo de este post que parece alargárseme hasta el infinito ¡Hasta pronto, amigos de Ostia un Lobby!

O Son do Camiño, una crónica tardía (Parte 1 de 3)


¡Hola amigos! Vuestro bloguero desconocido favorito (o sea, yo) se encuentra en plena crisis de los 30, por lo que vuelve a apuntarse a movidas que no hacía desde hace años con la esperanza de darle un canto de cisne decente a su juventud. En este caso, ir a festivales y escribir su experiencia en un blog porque viva el año 2007 me cago en la hostia.

El pasado jueves 28 de junio comenzaba en Santiago de Compostela la primera edición de O Son Do Camiño. Un festival financiado en gran medida por la Xunta de Galicia con un cartel variado, nombres consagrados y un precio, seamos sinceros, de puta risa.

En mi vuelta a este tipo de eventos, me vi rodeado de antiguos amigos de la universidad, el insitituto y el ambiente musical. Como dijo un amigo cuando vio mis fotos en el Facebook: “Fer se ha ido de vacaciones al pasado”. El cartel acompañaba esa borrachera de nostalgia enfrentándome a grupos como Franz Ferdinand, Two Door Cinema Club, The Killers o Mando Diao, ídolos del moderneo durante mis años en la facultad y que, en su mayoría, nunca hasta ahora había tenido oportunidad de ver.

Jueves 28: Resurrección.

Nos liamos un poco con el tema de las pulseras y no llegamos a ver a Bala en el escenario pequeño, una lástima. Tras pillar los tokens y la obligatoria vuelta de reconocimiento, nos sentamos en el prado para ver a Agoraphobia en plan relax. Dieron un concierto muy enérgico y a un volumen absurdamente alto, como tiene que ser. No paran de crecer y lo cierto es que es comprensible. Merecen la pena.

Triángulo de Amor Bizarro, foto de Arturo Coego.

Nos mudamos después al auditorio (el escenario grande) para ver a Triángulo de Amor Bizarro. Siempre me había preguntado cómo funcionaría un show de este grupo en un festival en espacio abierto, lejos del recogimiento y el “tribalismo” de las salas. La respuesta fue que no funciona. Triángulo no conectaron con el público y eso que yo estaba cerca. Lo suficiente como para leer “¡Estáis dormidos, hijos de puta!” en los labios del teclista cuando se adelantó a arengar al público. Yo no se lo tendría en cuenta. Esta banda es de estas que no entran fácil en una primera escucha. Es probable que no te enamoren en un concierto si te cogen por sorpresa porque estabas pillando sitio.

En cuanto a mí, me perdí mis 2 canciones favoritas: La primera porque justo me encontré con un colega y me estaba presentando a sus amigos y la segunda porque tuve que abandonar el foso a causa de que me meaba a nivel extremo. Este último acontecimiento fue clave en nuestra decisión de cambiar del tradicional kalimotxo a los chupitos de Jagermeister con el fin de minimizar el tránsito fisiológico. Contra todo pronóstico, no nos arrepentimos al día siguiente.

Foto de archivo.

Por tomarnos un descanso y pillar sitio para los Ferdinand, nos quedamos en el auditorio y pasamos de ir a Republica. Ignoro si fue una buena decisión porque no conozco al grupo.  El caso es que a penas una horita después, allí estaba uno de mis grupos fetiche, frente a mi, tras tantos años. Salieron, comenzaron a sonar los primeros acordes de “Do you want to” y cuando parecía que el auditorio iba a estallar… EL BAJONAZO. Estaban abriendo el concierto con uno de sus temas más míticos, pero lo tocaban de forma absurdamente ralentizada, como cuando en el YouTube le das a 0.5x para que parezca que el del vídeo va borracho.

Fue un mal comienzo que parecía premonitorio. Aunque las siguiente canciones estaban ya bien ejecutadas, algo fallaba ¿Donde estaban los Franz Ferdinand del puro nervio y energía? Y, a excepción de Kapranos ¿Donde quedó la cuidada estética que un día nos había inspirado a todos a recuperar el rollo “mod”? No me malinterpreteis, fue un buen concierto, la gente acompañó y sus temazos siguen siendo, efectivamente, temazos. Pero aquello estaba falto de alma, como si estuviesemos asistiendo al concierto de una banda tributo a Franz Ferdinand y no a los originales.

Con perdón por la ranciada, pero el tiempo no pasa en balde para nadie. Sacaron disco este año, pero llevaban 5 sin hacerlo y hay que retroceder a 2009 para recordar la última de sus canciones que alcanzó cierta fama. Me duele reconocerlo, pero a día de hoy han alcanzado lo que yo llamo la “fase orquesta” de los grupos de rock: Salen mecánicamente a tocar lo que todos queremos oir. En este caso, sus 3 primeros discos, que fueron la rehostia.

Muchas gracias, Franz Ferdinand, por acompañarme en años clave de mi vida y siempre estareis entre mis grupos favoritos pero por lo que se pudo ver en O Son do Camiño, vuestro tiempo ha pasado. Ojalá esté equivocado…

Franz Ferdinand, foto propia.

Nuestra idea, a continuación, era pillar algo de comer para ver a Rufus T. Firefly. No los conozco pero un grupo con nombre en referencia a Sopa de Ganso tiene todo mi respeto. Lamentablemente eran tales las colas que cuando conseguimos un burrito (bastante mierder, por Tutatis) ya teníamos que pirarnos al auditorio o íbamos a ver a a The Killers desde el quinto carallo.

Con la noche ya cerrada, luchábamos por mantener nuestro puesto en la multitud. Me sorprendió hasta cierto punto que la afluencia de gente fuese tan superior a la de Franz Ferdinand pues yo siempre había sido más de estos últimos y, la verdad, tenía bastante olvidados a The Killers. Craso error, tuve que admitir al final de la noche.

Brandon Flowers enloqueció a la gente con solo con su presencia al frente del escenario con su traje setentero y un símbolo de “macho” en el micrófono. Se ganó al público con su carisma y sus frases ensayadas en español: “Hola gallegos ¡Yo también soy un peregrino!” dijo, y joder, la verdad es que mola que se enteren de a dónde han ido a tocar y hagan el esfuerzo de currarse algo. Más si lo comparamos con la pereza de Alex Kapranos diciendo vagamente “Yeah, yeah, son do caminuou, wow, rock and roll.” entre canciones.

Comenzaron con un auténtico melocotonazo (visca el Fary) que, sin embargo, yo no había escuchado jamás ¿Como era posible? Pues porque es una canción nueva. Han sacado un nuevo álbum y el single (The Man) mola una tonelada. Estupenda señal.

The Killers, foto propia.

La gente comentaba que ni el bajista ni el guitarrista eran los de siempre. Lo cierto es que no los conozco, pero si así fue, la verdad es que ello no afectó al espectáculo. La voz de Flowers sonó, de principio a fin, como un trueno. Poder cantar tan bien de forma ininterrumpida no parecía ni posible. Genial también el coro y genial la puesta en escena, cañonazos de serpentina incluídos.

Se guardaban lo mejor para los bises. Tras la pausita de rigor, el líder de la banda regresó con un traje dorado brillante. Se permitió un momento de lucimiento ante el público, con los brazos extendidos, consciente de que lo estaba petando, como diciendo “Yo soy el rey de este monte”. Fue muy difícil mantener la integridad física cuando, finalmente, tocaron “Human”. Un concierto para el recuerdo y que me ha hecho interesarme por los nuevos trabajos de la banda. The Killers, para mí, han regresado de entre los muertos.

Sin tiempo a recuperarnos de esto, comenzó Carlos Sadness en el escenario pequeño. Su actitud me produce bastante rechazo y algunas de sus canciones eran en plan “Two Door Cinema Club wannabe” descarao. Creo que es un problema generacional porque público no le faltó y la mayoría eran bastante jóvenes. No me molesta, pero no me gusta.

Lost Frequencies, foto de O Son Do Camiño

La noche terminó con el Dj Lost Frequencies. Reconozco que no sé apreciar justamente el trabajo de estos artistas, así que me limitaré a decir que nos lo hizo pasar muy bien, que para el caso me parece la mejor crítica que le pueden hacer a uno.

Estábamos agotados, pero llenos de expectativas ante el fin de semana que nos esperaba.

Vaya por Dios, me he extendido demasiado y aún no he llegado al segundo día. Vamos a dejarlo por hoy y a ver si puedo publicar pronto la segunda parte ¡Un abrazo, amigos de Ostia un Lobby, y hasta pronto!

Bright: No es buena, pero merece la pena


(Reseña SIN SPOILERS)

Bright, película de 2017 producida por y estrenada en Netflix con el aliciente de ser protagonizada por Will Smith, persona tan carismática que yo creo que ganaría las elecciones en cualquier ayuntamiento español.

Sin rodeos: No me ha gustado mucho por lo genérica y, en algunos momentos, lo aburrida que es. Sin embargo sí me ha interesado el contexto en que toma lugar la acción y creo que es algo curioso de ver para aquellos aficionados al género fantástico.

La película trae a la actualidad las sociedades tantas veces descritas en las sagas de fantasía medieval al estilo, para que entienda todo el mundo, de El Señor de los Anillos. De este modo, vemos una ciudad de Los Ángeles actual en la que coexisten humanos, elfos, orcos y enanos, aunque sabemos de la existencia de estos últimos únicamente por menciones. También, aquí, existe la magia, no obstante, es algo muy poco común y extremadamente restringido por ley, existiendo incluso un cuerpo del FBI para asuntos mágicos.

La convivencia entre razas, pese a ser pacífica, no es igualitaria. Las clase privilegiada está compuesta casi íntegramente por elfos. Los humanos, los más numerosos, conforman las clases media y obrera, pero parecen gozar de cierta “movilidad social” ya que, si bien la mayoría son currantes, se nos muestra que alguno comparte puestos de responsabilidad con los elfos. La posición social de los enanos no se aclara.

Straight outta Mordor

La clave aquí son los orcos, que viven una situación de pseudo-apartheid. Aunque de forma pública no se tolere el racismo, nadie quiere compartir barrio o puesto de trabajo con ellos pues, popularmente, se los considera violentos, tribales, estúpidos y primitivos. Ocupan los puestos de trabajo de menor cualificación, viven en guetos y tienden a delinquir con más frecuencia que otras razas.

Debido a esto de la convivencia entre especies, en algunas reseñas relacionan Bright con Alien Nación, una serie antigua en que humanos y aliens cohabitaban en la Tierra. No he visto nunca esa serie así que no puedo valorar tal afirmación, pero la incluyo por si a alguien le resulta útil.

“Bright” es el don innato que permite utilizar la magia.

La trama se centra en una pareja de policías: Daryl Ward (Will Smith), un veterano policía humano, y Nick Jakoby, novato y el primer agente orco de la historia del cuerpo angelino. Su relación es bastante fría debido a los prejuicios y las malas experiencias de Ward con los orcos así como a la propia falta de aptitudes sociales de Jakoby. Ambos se ven injustamente envueltos en un caso de uso ilegal de magia y se convierten en fugitivos.

Y aquí es donde me bajo yo del carro. Una vez nos han explicado las características de su sociedad, no nos espera más que un desfile de clichés de películas policiacas. A mi me encantan las buddy movies cuando van en clave de comedia, pero esta se toma demasiado en serio a sí misma. Hubiese sido genial una Hora Punta o una Arma Letal entre un humano y un orco, y más contando con un tío con tanta gracia como Will Smith.

Un orco, un elfo y un humano entran en un bar…

Además, la película establece ciertas reglas que luego contradice en varias ocasiones y hace que algunos personajes que actúen de forma increíblemente estúpida sólo como excusa para alargar la trama. Pondría ejemplos, pero quería hacer esto “spoiler free”.

Como alegoría racial, al menos, funciona mucho mejor que Distrito 9 (aunque eso sea como decir “Soy mejor persona que Jack el Destripador”) por mostrar un racismo mucho más sutil y, por tanto, más realista: Oficialmente, los orcos tienen los mismos derechos que todos, pero el rechazo social que sufren los impide prosperar, completándose el círculo vicioso que en la vida real sufren minorías étnicas como los negros en EEUU o los gitanos en España.

circulo_discriminacion

A grosso modo

Esto se ve especialmente en el personaje de Ward, que tiene el discurso de la tolerancia memorizado para recitárselo a su hija, pero luego, en el día a día, no puede evitar tratar a Jakoby con desprecio visceral. Porque son los humanos, y no los elfos, los que más odio sienten hacia los orcos. Aunque pueda parecer paradógico, a diario vemos obreros que culpan de su mala vida a los inmigrantes o inmigrantes de distintas nacionalidades que son racistas entre ellos, como si escupiendo al escalón inmediatamente inferior nos sintiésemos más cerca de la cima. Ahí han hilado fino, hay que reconocerlo.

Lo dicho: no es gran cosa pero si estáis suscritos a Netflix y os gusta la fantasía, yo le echaría un ojo.

The Wasteables: El peliculón que alguien debería hacer.


Se puede decir que The Expendables (Los Mercenarios), con 3 películas exitosas y una cuarta en camino, es ya una saga consolidada. Por tanto, ha llegado el momento de hacer lo que se hace con los productos que se agotan: Parodiarlos. Y yo lo tengo claro: Para parodiar una película que reúne a todas las viejas glorias de acción, hemos de reunir a todas las viejas glorias de la parodia y el humor absurdo.

Trataré, en este post, de diseñar un elenco de ensueño para una película que he decidido titular “The Wasteables”. Invito a Hollywood a robarme la idea sin pudor. Ante tamaña obra del descojone, soy capaz de sacrificar la pasta y el reconocimiento.

Para no repetirme, empezaré por describir mi criterio de selección:

  • Ha de ser gente que aparezca en parodias o comedias absurdas. Comedias románticas, acción cómica, etc… quedan, por tanto, descartadas. Así como también toda la filmografía de Woody Allen.
  • Han de ser actores que o bien ya pasaron sus mejors momentos o bien ya no se dedican a la comedia.
  • Si no me hacen gracia, por muy míticos que sean, no entran. Es mi post y me apareo con él cuando quiero.
  • La gracia está en que se pueda hacer, por tanto, los difuntos quedan descartados. Esta deja fuera a auténticos gigantes como Lloyd Bridges, Gene Wilder, John Belushi y, como no, (Lagrimilla) Leslie Nilsen.

The Wasteables sería un comando de 9 mercenarios (como en la original), cada uno con un rol en el equipo:

Rick Moranis: El líder

Por: La loca historia de las Galaxias

Su inolvidable papel de “Casco Oscuro” y su físico completamente opuesto a Stallone lo hacen perfecto para ejercer como líder de un comando de mercenarios que todo el mundo se tome como el pito del sereno. Mil puntos si repite el chiste de la velocidad absurda.

Casco oscuro, maestro de la “mala suerte”

John Cleese: El negociador

Por: La vida de Brian, Los caballeros de la mesa cuadrada

De los Monthy Python, yo era más de meter a Graham Chapman, pero como su apellido bien indica: Chapó. En cualquier caso, el bueno de John. como guionista y codirector de ambas obras maestras de la parodia y el trolleo, bien merece un cameo al estilo que hiciera Bruce Willis en la película a parodiar.

¿El Frente Judaico Popular? No, somos el Frente Popular de Judea ¡Disidente!

Charlie Sheen: Experto en follar y meter coca.

Por: Hot Shots 1 y 2, Scary Movie 3

De Charlie esperamos que sea Charlie en todo lo que hace. Por suerte él se empeña en no hacer nada más. Como protagonista de una de las sagas más icónicas del género parodia y de la mejor Scary Movie hasta la fecha, su presencia no sólo está asegurada, si no que ha de ser destacada.

Topper Harley elige el topping que le pone a los guantes antes de liarse a tortas

Val Kilmer: Experto en novedades, souvenirs y artículos de coña

Por: Top Secret, Batman Forever (comedia involuntaria)

Celebramos que parece recuperarse de su terrible enfermedad y, aunque aun no tenga el cuerpo para dar mucha guerra, para un par de gags seguro que haría el esfuerzo… A lo Micky Rourke en Los Mercenarios: Que aparece al principio y al final. Y es que protagoniza Top Secret, que dió el pistoletazo de salida al resto de sagas paródicas.

Nick Rivers es un cantante de éxito que se infiltra en la Alemania Nazi.

Rowan Atkinson: Experto en explosivos y restaurador amateur de cuadros.

Por: Mr. Bean y, por si eso fuese poco, Hot Shots 2.

Imagino a Mr. Bean vestido de comando y ya me da la risa. Por supuesto, su papel ha de ser puramente de comedia física y muda, que es como más nos gusta. Tiene que haber repetición del mítico gag de pintar la casa metiendo dinamita en un cubo de pintura. Además, las persecuciones conduciendo su mini desde un sillón atado al techo prometen ser el descojone padre.

Mr. Bean era un tipo pragmático

Robert Hays: Piloto

Por: Aterriza como puedas 1 y 2

A los mandos del hidroavión de “The Wasteables” no iría otro que Ted Striker, el piloto con TEPT protagonista de “Aterriza Como Puedas”, otra saga mítica de la parodia. Cuando las circunstancias le impidan volar, su “piloto automático” hinchable le sustituirá sin problema. Pero mucho ojo si a su avión se le acaba “La Casera”

Ted Striker a los mandos mientras el Piloto Automático se propasa con la azafata.

Michael Winslow: Experto en ruiditos para despistar a los enemigos

Por: Loca academia de policía 1-6 (Y sí, las he visto todas), La loca historia de las Galaxias

Más conocido como: el negro de los ruiditos de Loca Academia de Policía. Es decir, el representante más distinguido de una saga que, si bien es mucho más cutre que otras aquí mencionadas, tiene un lugar en nuestros corazones. Podría hacer bastantes chistes de “Fijo que muero el primero por ser negro”, cosa común en las pelis de acción ochenteras.

“Prree wiii jraaa wuuuuuu ratatatatata” (Michael Winslow)

Seann William Scott: Experto en ligar y montar juergas.

Por: American Pie 1-3, Road Trip

Me salto un poco mis propias normas metiendo a un actor de comedia “come of age”, pero … joer, tío ¡que es Stifler! ¡Qué mítico!.Si, en la original, Dolph Lundgren y Jet Li están picados a ver quien pelea mejor, este y Charlie Sheen podrían estar peleados a ver quien pica mejor.

Steve Stifler era un hombre sensible, cultivado y respetuoso con las damas.

Harland R. Williams: Experto en radar y sónar

Por: Abajo el Periscopio

Cierto es que este no es mítico, pero quería poner un representante de “Abajo el Periscopio”, parodia de las películas de submarinos, y no se me ocurre un personaje mejor que “Sónar”. Además de tener un excelente oído, chapurrea el “balleno”.

Sónar comunicándose con algún cetáceo

Y claro, ante tal Dream Team del cachondeo, habrá que tener una némesis a la altura:

Mike Myers: El cerebro “maligno”

Por: Austin Powers 1-3, voz de Shrek

Como bien demostró en la trilogía de Austin Powers, parodia de las películas de James Bond, está capacitado para interpretar a varios personajes en la misma peli. Él solo podría ser no solo el jefe de los malos al que se han de enfrentar The Wasteables, sino también algún malo secundario.

Para que la peli tenga un poco de “mojo”

Anna Faris: Experta en combatir alienígneas y seres de ultratumba.

Por: Scary Movie 1-4 , Movie 43

Me salto una vez más mis reglas, ya que Faris está actualmente en un gran momento como actriz cómica protagonizando la serie “Mom” pero creo que “La tía de Scary Movie” se ha ganado su presencia en esta película. Podría dar la réplica a Myers como mala suprema, siempre haciendo gala de esa extrema torpeza física y social a la que sus personajes nos tienen acostumbrados y que nos encanta.

En Scary Movie, a Cindy la llama un asesino para decirle que le quedan 7 días de vida pero… ¿Cuentan los festivos?

Dirección y Guión:

No hay rival ni duda: Los ZAZ. Entre ellos 3, ya sea juntos o por separado, han parido las mejores sagas de humor absurdo de la historia: Agárralo como puedas, Aterriza como puedas, Hot Shots, Mafia! (Estafa como puedas), Top Secret y algunas de  Scary Movie entre otras. Como imaginareis, todas con títutlos bastante maltratados por las distribuidoras españolas.

Genios

Producción:

Si alguien está a la altura de los antes mencionados Zucker, Abrahams y Zucker, ese es Mel Brooks. Con sus 93 años, estoy seguro de que aún sería capaz de aportar su toque. Es responsable de clásicos del género como: Sillas de montar calientes, La loca historia de las Galaxias, la loca historia de Robin Hood. Y sí, también en España se han deturpado los títulos de sus pelis. Qué le vamos a hacer.

Mel en “La loca historia de las Galaxias”

Dejados fuera a propósito:

Jim Carrey: A este pobre hombre se le ha ido la olla y no solo ha perdido todo el interés en hacer reir, sino que va por ahí acojonando a la gente con lo de las vacunas. En cualquier caso, creo que a día de hoy es mucho más recordado por papeles dramáticos que cómicos.

Steve Martin, Chevy Chase, Dan Aykroyd: No me hacen gracia, lo siento. Bueno, Aykroyd un poco, pero no le perdono Blues Brothers 2000.

O.J. Simpson: Estuve a punto de meterlo por su papel en la trilogía de Agárralo Como Puedas, donde ejercía de sidekick de Leslie Nilsen con bastante acierto. Sin embargo, a día de hoy se lo relaciona con cosas bastante poco cómicas y no creo que proceda meterlo.

O.J. en “Agárralo Como Puedas”

Argumento:

Un misterioso hombre se pone en contacto con el personaje de John Cleese para rescatar a unos rehenes del ISIS. Rick Moranis y sus Wasteables se embarcan a oriente próximo para descubrir que en realidad han caído en una emboscada de la organización criminal internacional que dirigen los personajes de Mike Myers y Anna Faris.

Si total, ya sabemos que el argumento es una excusa para encadenar los gags, que es a lo que hemos venido.

Por favor Hollywood, no pierdas la ocasión.

Ser Gilipollas: El estado natural del ser humano


Sí, tú también. Y yo, en la medida en que se me pueda considerar humano. Muchas risas, pero seguro que tú también has llegado a esa conclusión más de una vez. A fin de cuentas, la historia de España es, en gran medida, un desfile de gilipollas tomando al pueblo por gilipollas… y acertando.

Godoy, de profesión : Gilipollas

Si bien ya intuíamos esta realidad, la generalización de las redes sociales ha venido a confirmarla: ¿A cuántos os ha ocurrido entrar en un foro público (página de FB, HT de Twitter, etc…), dejar un comentario normal y que os conteste un tío en plan sobrao/borde/insultantemente sarcástico sin venir a cuento? Uno puede pensar que las generalizaciones son odiosas, que tontos hay en todos sitios. Sin embargo, demos la vuelta a la pregunta: ¿Cuántas veces habéis sido vosotros los que habéis hecho este tipo de comentarios? Pensandlo honestamente: Un tipo deja un comentario diciendo: “Está claro que X” y has contestado en plan “No tienes ni puta idea” o “Por gente como tu va el mundo como va”, cuando no directamente pegando el meme de “alerta por subnormal”. Yo no digo siempre pero, si sois activos en RRSS, seguro que alguna vez.

Y sí, muchas veces la gente escribe cosas terriblemente erróneas (que si las vacunas dan autismo, que si la piel de limón cura el cáncer…) Cosas que pueden llevarnos a pensar que tienen merecido ese trato. Sin embargo… ¿les hablaríamos así si los conociésemos? ¿Si los tuviesemos frente a frente en una cafetería? Probablemente no, o, al menos, lo haríamos con otro tono. Yo os invito a hacer la prueba: La próxima vez que discutáis por Internet, pensad si lo que escribís se lo diríais a alguien conocido a la cara, o si lo que os escriben sería aceptable en una interacción sin ordenador de por medio.

Personas que sacan nuestro lado maleducado: Capítulo 1

Este comportamiento lo hemos normalizado hasta el punto de que, seguramente, muchos no estaréis entendiendo este post porque “Internet es así”. Pero lo cierto es que en Internet ni dejamos de ser nosotros ni las faltas de respeto dejan de serlo. ¿Por qué, entonces, nos comportamos peor? ¿En qué es diferente un foro digital de uno real? Sinceramente, a mí solo se me ocurre una cosa: La distancia, tanto física, como social.

Cuando discutimos en las redes sociales es, a menudo, con gente que no conocemos. No saben nada de nosotros e, incluso, viven lejos de nuestra ciudad. Aunque seamos maleducados con ellos, no habrá represalias. Y por represalias no me refiero solo a que no nos puedan meter una hostia, tampoco pueden tener influencia negativa en lo que la gente (que nos importa) opine de nosotros, lo cual es bastante más poderoso que un puñetazo. Esto nos lleva a una inevitable y terrible conclusión: Si nos comportamos bien por regla general, es solamente porque no queremos estar solos ni que nos partan la cara. En definitiva, que cuando nos sabemos impunes, nuestro impulso es ser maleducados, soberbios e hirientes. Vamos, unos gilipollas de tomo y lomo.

Si Twitter fuese en persona

No estoy hablando ya de la figura del troll. En la época de los foros todos topamos con alguno y pensamos aquello de “¡Qué valiente eres tras un nick y un avatar!”, pero de algún modo sabíamos que era gente que conscientemente interpretaba un personaje por tocar los cojones. Eso sigue existiendo, pero no es a lo que me refiero en este post. Yo hablo de gente normal con nombres, apellidos y fotos en sus RRSS que, liberada de las ataduras de las consecuencias de sus actos, se delatan como los imbéciles narcisistas que en el fondo querrían ser. Y esa gente somos todos.

 

COROLARIO

Aceptando lo anterior como cierto, no podemos sino admitir que Vengadores 2 es un puto PELICULÓN con un ácido mensaje social ¿Que no? Veamos: Una inteligencia artificial hiperdesarrollada, llamada Ultron, se conecta a Internet y en un par de segundos concluye que lo mejor va a ser destruir a la humanidad. ¿Por qué? Pues porque, como decíamos, es ahí dónde las personas sacamos a relucir nuestra naturaleza gilipollas.

Muerte a la humanidad por… bueno, por un sinfín de cosas, la verdad.

Ultron es, SPOILER ALERT, finalmente derrotado por el gilipollas mayor del reino: Tony Stark. Nos advierte así la película de que es imposible luchar contra la idiotez, pues es el sino de la humanidad. Y es que cuando un tonto sigue un camino, el camino se acaba pero el tonto sigue.

No en vano, Ironman es el personaje más odiable y, a la vez, el favorito de todo el mundo (mío también) ¿Por qué? Pues porque como buenos gilipollas, sabemos reconocer a uno de los nuestros. Esto explica el éxito de la serie House, que Vegeta sea el personaje más popular de Dragon Ball y que de los niños de South Park, solo nos hiciese gracia el gordo. Vemos en ellos actitudes que nos sentimos tentados a adoptar, al menos por un día, pero no nos atrevemos (Y menos mal). Y sí, nos reimos, pero es desalentador, la verdad.

Imbécil, egoísta, soberbio, cruel… ¡Cómo nos gustabas, Gregory!

El Efecto Plastilina


Llamo “Efecto Plastilina” al fenómeno que se produce cuando somos excesivamente benévolos juzgando algo porque conocemos el esfuerzo que hay detrás. No lo confundamos con nepotismo, no me refiero tanto a “voy a decir que esto mola porque lo ha hecho mi colega con mucha ilusión”, como a “Esto me parece una mierda, pero en su producción se han invertido muchas horas de profesionales con talento, así que debo estar equivocado”.

Fer escribiendo sosegadamente otro hater-post

Este post viene a reivindicar que la calidad de algo hay que valorarla por lo que ese algo es y no por lo que ha costado hacerlo. Cosas como:

Las películas de animación con plastilina

Efectivamente, este post se me vino a la mente viendo “Chicken Run”, de ahí lo de efecto plastilina. Este tipo de películas se realizan mediante un sistema llamado “Stop Motion” consistente en crear muñecos de plastilina y filmar el movimiento fotograma a fotograma. Esto quiere decir no solo mover las extremidades de los personajes sino también sus expresiones faciales, sus labios si es que hablan, las ramas de los árboles si es que queremos que se vea que sopla el viento… vamos, un trabajo monumental para el que se requiere una gran paciencia y un gran talento.

El resultado sin embargo, digámoslo sin tapujos, es una mierda. Las películas de plastilina son muy, muy, muy feas. Yo no se si es por lo del valle extraño o qué, pero de entre todos los tipos de animación, me parece con diferencia abismal el menos atractivo. Ni Chicken Run, ni Wallace & Gromit, ni “Los García”, la familia de plastilina que venía a vendernos que el Euro iba a ser la hostia, me convenció. Todo feo como el culo de un mono y movimientos tirando a monguer.

Si le preguntas a un adulto, te va a decir que es una obra de arte porque conoce el trabajo que hay detrás y quiere ser benévolo. No obstante, luego esas producciones y nunca triunfan al nivel de otros estilos de animación ni se convierten en referentes de la infancia de casi nadie.

1€ = 166,38 pesepfffffJAJAJAJAJA perdón, otra toma, por favor.

La natación sincronizada

A mi de entrada los “deportes” donde son unos jueces quienes deciden quién gana ya me dan bajona: La gimnasia rítmica, el boxeo, el patinaje sobre hielo… en fin, ya me entendéis. La natación sincronizada, de verdad que me cuesta aun más entenderla si cabe. Solo soy capaz de ver una especie de festival de chapoteos ejecutado por gente a la que le compra los bañadores su peor enemigo. Y desde casa aun menos mal, que tienes la cámara subacuática para ver lo que pasa debajo, pero la gente que va a la piscina ¿Qué cojones está viendo?

No hablemos ya cuando, encima, los locutores se ponen pretenciosos y te sorprenden con cosas en plan: “El ejercicio del equipo Ruso se inspira en la obra de Stravinsky” ¡Anda y no me jodas!

Esta opinión es tremendamente impopular. Sin embargo, cuando la gente entra a rebatir, el argumento es siempre el mismo: Son deportistas de élite y lo que realizan es terriblemente complicado. Pero es que yo eso no lo niego: Las capacidades atléticas necesarias para realizar esos movimientos son titánicas y las horas de duro entrenamiento que hay detrás han de ser cuantiosas. El caso es que eso no debe afectar a la valoración del resultado final, que, en mi opinión no hace justicia a ese esfuerzo.

Cuando te quieres bañar pero aun no has hecho la digestión

La Cerveza Artesana

Tan de moda ahora, la mayoría de ellas me saben peor que las “industriales”. Igual es problema mío, que me he acostumbrado a estas últimas desde joven, pero el caso es que no me pasa lo mismo con el vino ni el licor café, así que yo sospecho que, simplemente, son peores cervezas.

La palabra “artesana” nos evoca a un esforzado emprendedor cervecero, preparando las recetas con entusiasmo y cariño y quien sabe si tal vez evitándonos compuestos químicos que la malvada industria mete para abaratar costes. Tal vez esto sea así en muchas de esas pequeñas compañías, pero todos mis amigos que las defendieron al principio… acabaron finalmente volviendo a la Estrella Galicia. No os dejéis engañar por el romanticismo: Si sabe peor, sabe peor.

Algunas de esas marcas, además, están popularizando una variedad peculiar de birra llamada IPA (Indian Pale Ale) porque por lo visto es más sencilla de elaborar. Yo me alegro de que haya variedad para que cada uno elija… pero a mi no me la deis.

Meados 100% artesanales

 

La Ventriloquía

La más baja disciplina del humor. Sí, más baja que el payaso de circo o los programas de chistes de las televisiones autonómicas. Olor a naftalina y aceite de ricino a quilómetros. Capaz de convertir en casposo y anticuado un concierto de Die Antwoord en el Burning Man Festival. Ahorraos el ponerme enlaces al video ese de “Ahmed el Terrorista Muerto” que ruló tanto por ahí hace años, porque sí, es mejor que Doña Rogelia, pero de ahí no pasa.

Sin duda, para ejecutar un número de ventriloquía es necesario poseer cierto talento: Además de las complicaciones propias de escribir humor se añade el que uno ha de interpretar al personaje que da la réplica manejando al muñeco y, por supuesto, que no se note que mueves la boca al hablar. Es complicado y,  seguro, yo no sería capaz de hacerlo.

El resultado de tanto esfuerzo es esperpéntico y celebro que este tipo de espectáculo solo exista ya en algún cabaret del Raval barcelonés, si es que sigue quedando alguno. No obstante, si por un casual me está leyendo alguien que se dedique a esto: Dejad de una vez de hacer todos el mismo puto chiste de “Me estás metiendo la mano por ahí”  ¡Es que ya está bien, caray!

Ácida crítica del capitalismo

Lo de escribir tu nombre en un grano de arroz

En serio, esto existe y la gente paga por ello ¿Nos hemos vuelto gilipollas o qué?

Carnet de monguer

Pues me he quedado agusto soltando todo el hate, no os creais. Confío en que el concepto de efecto plastilina os sea útil en el futuro y, si conocéis algo que se pueda catalogar bajo este nombre, no dudéis en compartirlo con nosotros en los comentarios.