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Tranquility Base Hotel + Casino


Pues sí, me pienso marcar una reseña del último álbum de los Arctic Monkeys más de 8 meses después de que saliese. Es que no quería hacerlo hasta haber escuchado el disco de principio a fin, por orden, un par de veces, algo no tan natural para los que nos criamos descargando canciones sueltas del Emule.

Le mangaron la práctica a los de Arquitectura de la UDC

Lo de escucharlo del tirón lo recomendaban los pocos que, cuando salió en mayo, tuvieron opiniones positivas. Sus fans estamos acostumbrados a que experimenten nuevos sonidos en cada disco, y lo celebramos (A excepción de un grupo de irredentos que siguen pidiendo que vuelvan al estilo original) pero quieras que no, eso entraña un riesgo.

En 2013 el cuarteto inglés nos deleitaba con el superlativo AM: oscuro, guitarrero y con un rollito stoner psicodélico bastante guapo. Al ver que lo nuevo era una especie de pop lentorro con ínfulas de Jazz como para poner de fondo en una cafetería… muchos no lo entendimos. Cuando la prensa preguntaba a Alex Turner el por qué de esta elección, el cantante y compositor respondía “Es que me he comprado un piano y claro…”. La verdad es que, es bastante gracioso, el cabrón.

El rubio de Cruz y Raya, nueva incorporación de Arctic Monkeys

Mi frialdad de cara a los singles todavía se mantiene. Sí, es cierto que he adquirido cierta estima por el tema Four out of Five, pero no me hubiese llamado la atención en ningún otro álbum. El resto de caciones, tirando a olvidables. Sin embargo, el sonido desarrollado a lo largo de la obra… pues oye, ese rollito jazzy del que me quejaba, no está mal del todo al final.

Es un disco muy de relax, algo que nunca pensamos que pudiese salir de los Arctic pero, dentro de esa categoría, un buen disco. Las canciones son agradables y se entretejen de manera magistral.  Como dice Javi, las cosas hay que juzgarlas por lo que son, no por lo que creamos que deberían ser. Es una bajona porque esperábamos otra cosa, pero es un buen trabajo que seguramente valoremos más en el futuro.

Tranquility Base Hotel + Casino es sin duda y con mucha diferencia el álbum que menos me ha gustado de la banda. No me motivaría escucharlo en directo, no me hace tocar la batería imaginaria como sus antecesores y desde luego el Turner se queda a gusto con el pianito de los cojones, pero la genialidad y personalidad del grupo siguen ahí y eso se percibe pese a todo. Además, un disco que incluye una canción con el verso “¡¿Pero cómo que nunca has visto Blade Runner?!” bien se merece una oportunidad.

Os lo recomiendo para escuchar mientras leéis, trabajáis, entrenáis Pokémon o vegetáis porque habéis vuelto al gimnasio tras 3 meses y ahora no os podéis mover.

 

Mis superhéroes favoritos (Tributo a Stan Lee)


En Ostia Un Lobby somos muy de llegar tarde a todo. Un blog serio ya habría publicado anteayer una nota sobre la muerte de uno de los popes del frikismo. En cualquier caso, mejor tarde que nunca.

Siempre he sido lector de cómics, pero lo cierto es que Marvel/DC no era lo que más me atraía. De niño, Bruguera y francobelga, de adolescente, manga y tiras cómicas, de adulto, novela gráfica. Sin embargo, sí me sentí atraído por la figura del superhéroe a través de otros medios. 

A continuación comparto una lista de los superhéroes DE MARVEL (Que estamos homenajeando a Stan Lee!) que, de niño, más llamaban mi atención. El orden no es relevante.

 

Cíclope

ciclope

El rey de las dioptrías

Descubrí a la Patrulla X viendo los dibujos animados de la Televisión de Galicia. El hecho de que fuese el jefe ya me molaba (Al igual que me ocurría con Leonardo el de las Tortugas Ninja)

Pero además de eso, me producía empatía. Y es que yo he tenido que llevar gafas desde que me alcanza la memoria, y no solamente para leer. Cíclope también estaba obligado a ello… pero como parte de sus poderes! Y oye… qué gafas tan molonas!

Además, mi vecino era muy fan de Lobezno y nos divertíamos imitando los piques que se traían en los mencionados dibujos. Qué lástima que la adaptación cinematográfica lo haya convertido en un pringao.

 

Daredevil

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No le temo a nada, salvo al Kingpin Negro

Cuando a un amigo y a mí nos regalaron unos sets de muñecos de goma de superhéroes, nos llamó enseguida la atención uno que no conocíamos de nada: Tenía un uniforme completamente rojo y un palo blanco en cada mano. Molaba mucho.

Cada vez que jugábamos con él, nos inventábamos sus poderes: A veces era súper fuerte, a veces volaba y, como iba de rojo, por supuesto lanzaba fuego. Un día, alguien nos vio jugar con él y se refirió a este como “Dan Defensor”, lo cual cuadraba muy bien con las dos D’s que llevaba en el pecho.

Cuando por fin lo vimos aparecer en la serie de dibujos de Spiderman no nos lo podíamos creer. Eso sí, no me enorgullece decir que, al enterarnos de que era ciego, se convirtió en el alivio cómico de nuestros juegos, con chistes que hubiesen hecho sonrojar a Arévalo.

 

El Castigador

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Siempre lleva premio en la tómbola de la escopeta

De esta lista, el Castigador es el único al que sí conocí gracias a los tebeos. Concretamente, en uno de Spiderman titulado “A la caza del perico” que algún despistado había incluído en el suplemento dominical infantil de algún periódico.

Y digo despistado porque no es ni de coña para niños: Violencia, palabrotas y claro, el “perico”, que no era un señor, sino un alijo de cocaína. Sin embargo, era precisamente este el motivo por el que me encantaba ese cómic pues, acostumbrado a Mortadelo, nunca había visto cosa semejante. 

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No me he podido resistir a poner esta viñeta en la que le dispara a Lobezno en los cojones y le dice “Ya te volverán a crecer”. El puto amo.

Su estilo era, para mí, algo novedoso: Todo de negro, la calavera en el pecho, la cara al descubierto… Además, su arsenal de armas me evocaba a Arnold Schwarzanegger, del que siempre he sido fan irredento.

 

Ojo de Halcón (Hawkeye)

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Yo ya me flipaba con los arcos antes de Legolas

Vi a Ojo de Halcón por primera vez en una serie de dibujos de Ironman que echaron durante una época. Me llamó mucho la atención su uniforme, pues no era nada común que los superhéroes vistiesen de violeta. Visto ahora, es un poco hortera, pero entonces me parecía chulísimo.

No obstante, lo que más me atraía de él era su nombre, que me sonaba místico y agresivo. A veces, cuando jugábamos a superhéroes yo me inventaba uno con el mismo nombre, pero con poderes más guays (Normalmente, el de crear campos de fuerza, no sé por qué) Y es que ya entonces lo de las flechas… meh.

 

Spiderman

Spiderman

No se como hago que siempre se me enredan los auriculares

Cómo olvidarse de la más exitosa creación de Stan!? La serie animada de Spiderman que vimos en los 90 en el Club Megatrix fue la puerta de entrada a Marvel para muchos de mi generación.

Aunque lo cierto es que entonces opinaba que Spiderman  tenía unos poderes un tanto mierderos: Lo de trepar muros me parecía una gilipollez, era más fuerte que una persona normal pero siempre menos que sus rivales, el sentido arácnido no lo entendía y la red ni siquiera era un superpoder, solo un artilugio que encima se gastaba.

A mi lo que me gustaba de Spiderman era el propio Peter Parker: un “jachondo mental” que no paraba de soltar chascarrillos mientras acababa con los malos y tenía más problemas con sus novias que con sus enemigos.

Mención especial merecen estos últimos, ya que sus poderes y diseños eran de una creatividad increíble: Shocker, con sus poderes elécticos, Misterio, engañando al héroe con trucos de ilusionismo, el lagarto, claramente inspirado en el Dr. Jeckyll y el mejor de todos: Venom, el simbionte venido del espacio.

Spider-Man The Animated Series

Venom es el mítico colega que al que le da la borrachera en plan “tío, te quiero un huevo”

Por cierto, quereis saber cómo acaba esta serie? Pues de la mejor manera posible: Con un cameo de Stan Lee!! Genio y figura.

 

Señor Lee, no me queda sino agradecerle toda la diversión y todo el bien que sus personajes hicieron a mi imaginación. Confío en que, a fecha de publicar estas líneas, se halle usted ya en Asgard disfrutando con los dioses de un hidromiel tan sabroso que le haga relamerse mientras exclama: 

source

O Son do Camiño, una crónica tardía (Parte 3 de 3)


Y por fin el desenlace de esta historia que narra, en plan gonzo, lo ocurrido en el festival O Son do Camiño. Si no has leído las partes anteriores (y suponiendo que quieras hacerlo) están disponibles aquí: Parte1, Parte2.

Último día, sábado 30: Mitomanía.

Cuando me desperté por la mañana, mi afonía se había convertido en un auténtico problema. He descubierto que cuando estás afónico a ese nivel, la gente tiende a meterse más contigo a sabiendas de que no les puedes contestar ¡Malditos cobardes!

Nos habíamos despedido la noche anterior citándonos para un vermú que jamás ocurrió porque en algún momento habría que dormir. A eso del mediodía comenzó a llover a mares. Entre eso, el cansancio, que los grupos de la tarde no nos interesaban mucho (A excepción de Terbutalina, pero eran demasiado temprano) y, para que negarlo, que el Argentina-Francia estaba muy interesante, no nos presentamos en el recinto hasta eso de las 7pm. Justo a tiempo para enganchar el primer gin-tonic y ver empezar el concierto de Novedades Carminha.

Novedades Carminha, foto propia.

El auditorio estaba bastante vacío debido a las inclemencias del tiempo, que sin embargo comenzaba a mejorar. Lo agradecimos tras dos días de constante aglomeración ¿Y qué decir del grupo? Salieron con la ilusión y el aliciente que da tocar en casa y convencieron. Siempre he dicho que este grupo es el heredero del estilo de Siniestro Total por sus influencias punkis y su retranca. Mis amigos y yo no parábamos de mirarnos y partirnos con las letras (pero de forma intencionada, y no como el día anterior en Residente). Son una banda de reirse y bailar a saltos con tus amigos. No pretenden ser más y nosotros se lo agradecemos.

Ya os avanzo que este día ignoramos por completo el escenario pequeño. Mucha gente me dijo que León Benavente estuvieron de la hostia, pero por lo poco que he escuchado de ellos me parecen el típico grupo indie español de música coñazo y cantante sin voz que a la gente le mola “por las letras, que son pura poesía”. Ahora bien, es posible que en directo se transformen y mi opinión cambie radicalmente como ya me ocurrió en su día con Vetusta Morla.

Aclarado esto, los siguientes en presentarse en el auditorio fueron otros resucitados: Mando Diao, que siguen en su lucha por recuperar el éxito que ellos mismos tiraron por la borda tras lo de pasar inexplicablemente a cantar en Sueco, el álbum infame e igualmente inexplicable Ælita y despedir al cantante principal y cofundador.

Mando Diao, foto propia

Creo sinceramente que deberían comprarse una casa en Galicia: Es el único sitio en que siguen estando de moda y se les profesa un cariño fuera de lo normal. Pese a los espectáculos lamentables que han dado los últimos años en estas tierras, siguen tocando aquí con frecuencia y llenando. Joder ¡que este fue ya su segundo concierto en Santiago en lo que llevamos de 2018! Si siguen así van a acabar yendo a Luar como ya le pasara a Boney M.

El concierto fue mucho mejor de lo esperado (aunque estar, están cascaos) y la gente se implicó mucho. A lo mejor fue impresión mía, pero yo los vi emocionados. Coreamos, saltamos, hicimos ruido, nos lo pasamos bien, sí, pero fue un espejismo. Como una cena de antiguos alumnos: Mola volverse a juntar por una noche, pero los tiempos del insti no regresarán nunca.  Desde luego nada que ver con aquellos Mando que vi hace ya una década (justo antes del “Dance with somebody”) y parecía que se iban a comer Europa.

Me he puesto intenso con esta especie de elegía, esperad que compense: Como había mucha cola, meé contra un pino y se me metió meao en el tenis del Primark porque, como sabrán los que se leyeron el volumen anterior, estaban rotos. En fin, tras este asqueroso “inpass“, volvamos a la crónica.

Era el momento de prepararse para Lenny Kravitz. Reconozco que mi presencia en este concierto era por pura mitomanía, que no es el más noble de los motivos por el que ir a un concierto. Me da un poco de rollo esa actitud de coleccionista de cromos en plan “¡yo vi a tal!” y me temo que este era el motivo mayoritario por lo que la gente estaba allí.

Lenny Kravitz, foto propia.

Supongo que por eso mismo me encontré aquí con un par de posturillas un tanto desagradables. Como ellos van a por la celebrity y la música se la suda, se enfadan si les empujas accidentalmente al saltar. Si no quieres que los selfies te salgan movidos, vete del foso, que esto es un concierto de Rock, subnormal.

Si ya, cuando apagaron las luces, todo el mundo empezó a chillar (menos yo, que recordemos que estaba afónico), cuando al fin salió Lenny parecía que se derrumbaba el auditorio. Reconozco que es un portento. Desbordaba el escenario con su presencia. Inexplicable y magnético.

Pero atiende, que el cabrón arrancó con “Fly Away”, con dos cojones. Y siguió con varias bastante conocidas. Aquello era la releche pero acabó por ocurrir lo que yo me temía: En cuanto pasaron las 4-5 más populares, nadie se sabía ninguna más. Llegaba a ser un poco incómodo cuando ponía el micro para que cantásemos y solo se oían tímidos tarareos. Es el problema de cuando el personaje se impone al músico.

De todos modos, Lenny tuvo oficio suficiente para superar esos momentos y no dejar que decayera la cosa. Nos tuvo comiendo de su mano durante todo el espectáculo hasta que llegó el momento estelar: Sacó su Flying V, la mítica guitarra en forma de flecha, y puso todo patas arriba con “Are you gonna go my way”. Uno de los mejores momentos de festival. Lenny tocó  un total 20 minutos más de lo que le correspondía y la peña aún le pedía más bises. Una auténtica leyenda del Rock.

C. Tangana, foto de O Son do Camiño.

Entre el retraso del concierto y lo que tardamos de salir del auditorio C. Tangana ya llevaba un buen rato de concierto en el escenario pequeño. La verdad es que este tipo me tiene intrigado tanto por su música como por los jardines en que se mete y el tipo de gente a la que atrae. No estoy seguro de que me guste, pero lo que está claro es que hace algo nuevo y ha atraído a las nuevas generaciones hasta el punto de que me consta que hubo gente que compró la entrada del viernes solo por su concierto. Ignorarlo por “pijo” o porque “el trap es mierda” sería pecar de carcamal.

Me hubiese gustado adentrarme a ver qué ambiente se respiraba en su concierto, pero por desgracia había ya demasiada gente a esas alturas y además nos moríamos de hambre. Evité el sitio de los burritos mierder para caer en el de las hamburguesas veganas más secas de la historia ¿Podemos reconocer ya que los food trucks son una mierda, por favor?

La última actuación de la noche y, por tanto, del festival, fue la de Martin Garrix. A diferencia de con los 2 Djs anteriores, esta vez el auditorio sí estaba lleno. Estábamos destrozados y ya habíamos gastado nuestros últimos tokens. Nos lo habíamos pasado muy bien y nos resistíamos a que acabase, pero de pronto ocurrió algo: El Dj pinchó “Hey girl, hey boy”, de los Chemical Brothers, grupo al que iríamos a ver a Bilbao en unas semanas varios de los que allí estábamos.

Martin Garrix, foto de O Son do Camiño.

Fue como cuando en la ceremonia de clausura de las olimpiadas se le entrega el fuego a la siguiente sede, como si el festival nos diese su bendición y nos emplazase a la siguiente fiesta. Dimos por buena la señal y abandonamos el recinto antes de que la sesión de Garrix acabase.

Un fin de semana, en definitiva, memorable.

 

O Son do Camiño, una crónica tardía (Parte 2 de 3)


Lo prometido es deuda y volvemos con la segunda parte de mis aventuras en O Son do Camiño, festival de música ya presentado en la anterior entrega de esta crónica.

Viernes 29: Los tenis del Primark are made for dancing.

Como ya adelantamos en el anterior episodio, nos despertamos bastante bien teniendo en cuenta lo del Jagermeister. Genial, porque pese a que esta era la única jornada para la que aun quedaban entradas, para mí era la más fuerte del festival. El día estaba nublado y daban posibilidad de tormenta eléctrica, pero finalmente solo cayeron un par de gotas.

La cantante de The Gift al darse cuenta de que olvidó renovar el tiquet de la zona azul. Foto de O Son do Camiño.

Esta vez los grupos de la tarde nos interesaban bastante menos así que llegamos directamente para ver a The Gift en el auditorio. Son, estos portugueses, el típico grupo que ves en muchos carteles pero rara vez a la cabeza, y eso que ya llevan varios años en el asunto. Pues para mí fueron la sorpresa del festival.

Salieron ante un auditorio semivacío, en el que la gente estaba más preocupada de si iba a llover o no que de atender al grupo, y nos pusieron a todos a bailar con su pop electrónico y una cantante entregada. Al final del concierto todos estábamos pegados al escenario y se llevaron una gran ovación bien merecida. Además, el teclista-bajista se parecía a Mortadelo e iba vestido como Filemón, gran homenaje a la cultura de este país. Hay que quererlos. Si tenéis oportunidad, no os los perdáis.

A continuación nos dirigimos a (la barra cerca de) el escenario pequeño para echarle un ojo a unos desconocidos PLYA. Correctos, pero no me llamaron excesivamente la atención. Los vimos un rato mientras apurábamos nuestras consumiciones y regresamos al auditorio donde nos esperaba, (sigh) Residente.

Residente, foto propia.

No me molaba nada Calle 13 y no tenía ningún interés por ver a uno de sus miembros en solitario. Me hubiese quedado de buena gana en el escenario pequeño, pero por motivos que escapan a mi comprensión, a mis amigos sí les gusta, así que no me quedó más remedio que ceder.

Tratando de ser justo, no estuvo tan mal. Un conjunto de buenos músicos y una carismática corista arropaban más que bien al rapero caribeño, que además demostró tener una excelente voz para el género que interpreta y una gran conexión con el público. Fue un buen espectáculo.

¿Cual es el problema entonces? Las letras. Sus canciones como Residente son activismo político del todo a 100. Las de Calle 13… pues lo que yo recordaba que era Calle 13: rimas sonrojantes y cierto tufillo machista-reggatonero. Pero insisto, una vez conseguí ignorar las letras, me lo pasé bien.

Antes de continuar, deleitémonos con este fornido mancebo cuya foto publicó la cuenta oficial del festival ¡¡Grrruaur!!

Después de descojonarnos un rato haciendo freestyle imitando el tipo de rimas de Calle 13, a mis compañeros les entró el hambre, pero esta vez no les acompañé. Se avecinaba el concierto, para mí, más esperado y no pensaba ceder mi sitio. El tiempo que estuve allí esperando me sirvió para hacer un inesperado descubrimiento: Existen personas a las que no les gusta Two Door Cinema Club. Un misterio de los de llamar a Iker Jiménez, oiga.

Solo uno de mis amigos había vuelto al sitio cuando, de pronto, apareció un fulano disfrazado de Pete Doherty que resultó ser Alex Trimble, el cantante de TDCC, y casi sin tiempo para recibirlo, arrancó nuestros pies del suelo con “Undercover Martin”. Empezaban a tope los norirlandeses y no dieron ni un segundo de respiro.

Se sacaron la presión de encima tocando de primeras las más antiguas y conocidas. Esto fue terrible para mi salud, porque me sabía las letras y me desgañité a cantarlas. Nunca aprendo. Nos hartamos de hacer el chiste de “Bueno, nos vamos ya, que el trabajo está hecho”, pero la realidad es que este grupo no tiene un tema aburrido. Tocaron de carrerilla, a penas interactuaron con el público y no tocaron bises. Sin embargo, de algún modo, sí se produjo algún tipo de comunión que no sabría explicar.

Two Door Cinema Club, foto propia.

Tras un final apoteósico, en el que no faltó “Sleep Alone”, me costaba hablar y mi camiseta estaba empapada. Hacía años que no disfrutaba tanto con un concierto. Lo único que no podía evitar pensar es cuánto más hubiese molado de haber sido ya por la noche, pero no se puede tener todo.

Debido al despliegue de fuerzas realizado, era indispensable descansar. Me reencontré con mis amigos al final del foso, al lado del control de sonido y me senté en el suelo con la espalda apoyada en la valla a tomarme un tinto de verano mientras esperaba por el plato fuerte del día: Jamiroquai.

Una vez más, mis gustos y los de mis acompañantes no coincidieron y decidimos quedarnos donde estábamos para ver a Jay Kay y sus colegas. Me había vaciado en TDCC así que tampoco peleé mucho por ir adelante.

Nos quedamos un poco flipaos cuando vimos el estado del cantante. El bueno de Jay ha sido toda su vida un hortera de primera división. Lo del chándal de yonki y el penacho de indio hace cierta gracia cuando eres un chavalín de 20 años, pero cuando eres un señor de 50 al que, además, le sobran unos cuantos kilos, da un poco de grima. En especial si el penacho en cuestión se ilumina como un árbol de navidad y decides ponerte unos guantes blancos como si fueras el puto Mickey Mouse.

Jamiroquai, foto propia.

Por suerte para todos, el cuidado que parece no haberle dado a su cuerpo sí se lo ha dado a su voz. Sigue siendo poderosa y llena de personalidad. Eso, junto a los músicos que lo acompañan, que nunca fallan, es más que garantía de éxito. Sonaron bien, muy, muy bien. Completaron el show con un acertado juego de luces que convirtieron el Monte do Gozo en una discoteca setentera, excelente para el ritmo funky con el que la banda siempre nos atrapa.

Hicieron un buen repaso de su carrera en el que incluyeron algunas canciones del último álbum y las clásicas: Little L, Cosmic Girl, Travelling without moving… Allí bailaban hasta los camareros, tanto, que mis tenis de 8€ del Primark dijeron basta y se rompieron. Y es que ya lo dicen ellos mismos en “Canned Heat”, uno de mis temas favoritos no ya de ellos sino en general: “You never see my feet cause they move so fast. Dance!”. Un gran esfuerzo al que solo cabe echarle en cara el no haber tocado “Virtual Insanity”, pero en fin, alguna hay que dejar fuera.

Justo al terminar, comenzaba La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) en el escenario pequeño. Este grupo me decepcionó, pero no por ellos, sino porque yo pensaba que eran otro grupo. Por algún motivo, creía que eran rollo La Pegatina o Bongo Botrako, y para nada. Hubiese molado un poco de rollo “hey chipirón” a esas horas y justo despues de Jamiroquai. Tonterías a parte, están bastante bien. Quedan de deberes.

Don Diablo, foto de O Son Do Camiño.

Después, mucha gente pegó la espantada y fue cojonudo porque se estaba muy cómodo viendo a Don Diablo. Como ya dije en el volumen uno, no soy muy bueno juzgando a los Djs. Estuvo divertido, aunque quiero mencionar el truco torpe y barato de sacar la bandera de España para ganarse al público ¿No tiene un asesor que le diga que eso en, este país y en un ambiente modernete, no mola? Que tampoco es que personalmente me moleste, pero…

La mayoría del pescao estaba vendido, sin embargo aún quedaba por ver qué sorpresas nos tenía guardadas el pez más gordo del festival al día siguiente.

Y esto dio de sí el segundo día. En breves el tercer y definitivo capítulo de este post que parece alargárseme hasta el infinito ¡Hasta pronto, amigos de Ostia un Lobby!

O Son do Camiño, una crónica tardía (Parte 1 de 3)


¡Hola amigos! Vuestro bloguero desconocido favorito (o sea, yo) se encuentra en plena crisis de los 30, por lo que vuelve a apuntarse a movidas que no hacía desde hace años con la esperanza de darle un canto de cisne decente a su juventud. En este caso, ir a festivales y escribir su experiencia en un blog porque viva el año 2007 me cago en la hostia.

El pasado jueves 28 de junio comenzaba en Santiago de Compostela la primera edición de O Son Do Camiño. Un festival financiado en gran medida por la Xunta de Galicia con un cartel variado, nombres consagrados y un precio, seamos sinceros, de puta risa.

En mi vuelta a este tipo de eventos, me vi rodeado de antiguos amigos de la universidad, el insitituto y el ambiente musical. Como dijo un amigo cuando vio mis fotos en el Facebook: “Fer se ha ido de vacaciones al pasado”. El cartel acompañaba esa borrachera de nostalgia enfrentándome a grupos como Franz Ferdinand, Two Door Cinema Club, The Killers o Mando Diao, ídolos del moderneo durante mis años en la facultad y que, en su mayoría, nunca hasta ahora había tenido oportunidad de ver.

Jueves 28: Resurrección.

Nos liamos un poco con el tema de las pulseras y no llegamos a ver a Bala en el escenario pequeño, una lástima. Tras pillar los tokens y la obligatoria vuelta de reconocimiento, nos sentamos en el prado para ver a Agoraphobia en plan relax. Dieron un concierto muy enérgico y a un volumen absurdamente alto, como tiene que ser. No paran de crecer y lo cierto es que es comprensible. Merecen la pena.

Triángulo de Amor Bizarro, foto de Arturo Coego.

Nos mudamos después al auditorio (el escenario grande) para ver a Triángulo de Amor Bizarro. Siempre me había preguntado cómo funcionaría un show de este grupo en un festival en espacio abierto, lejos del recogimiento y el “tribalismo” de las salas. La respuesta fue que no funciona. Triángulo no conectaron con el público y eso que yo estaba cerca. Lo suficiente como para leer “¡Estáis dormidos, hijos de puta!” en los labios del teclista cuando se adelantó a arengar al público. Yo no se lo tendría en cuenta. Esta banda es de estas que no entran fácil en una primera escucha. Es probable que no te enamoren en un concierto si te cogen por sorpresa porque estabas pillando sitio.

En cuanto a mí, me perdí mis 2 canciones favoritas: La primera porque justo me encontré con un colega y me estaba presentando a sus amigos y la segunda porque tuve que abandonar el foso a causa de que me meaba a nivel extremo. Este último acontecimiento fue clave en nuestra decisión de cambiar del tradicional kalimotxo a los chupitos de Jagermeister con el fin de minimizar el tránsito fisiológico. Contra todo pronóstico, no nos arrepentimos al día siguiente.

Foto de archivo.

Por tomarnos un descanso y pillar sitio para los Ferdinand, nos quedamos en el auditorio y pasamos de ir a Republica. Ignoro si fue una buena decisión porque no conozco al grupo.  El caso es que a penas una horita después, allí estaba uno de mis grupos fetiche, frente a mi, tras tantos años. Salieron, comenzaron a sonar los primeros acordes de “Do you want to” y cuando parecía que el auditorio iba a estallar… EL BAJONAZO. Estaban abriendo el concierto con uno de sus temas más míticos, pero lo tocaban de forma absurdamente ralentizada, como cuando en el YouTube le das a 0.5x para que parezca que el del vídeo va borracho.

Fue un mal comienzo que parecía premonitorio. Aunque las siguiente canciones estaban ya bien ejecutadas, algo fallaba ¿Donde estaban los Franz Ferdinand del puro nervio y energía? Y, a excepción de Kapranos ¿Donde quedó la cuidada estética que un día nos había inspirado a todos a recuperar el rollo “mod”? No me malinterpreteis, fue un buen concierto, la gente acompañó y sus temazos siguen siendo, efectivamente, temazos. Pero aquello estaba falto de alma, como si estuviesemos asistiendo al concierto de una banda tributo a Franz Ferdinand y no a los originales.

Con perdón por la ranciada, pero el tiempo no pasa en balde para nadie. Sacaron disco este año, pero llevaban 5 sin hacerlo y hay que retroceder a 2009 para recordar la última de sus canciones que alcanzó cierta fama. Me duele reconocerlo, pero a día de hoy han alcanzado lo que yo llamo la “fase orquesta” de los grupos de rock: Salen mecánicamente a tocar lo que todos queremos oir. En este caso, sus 3 primeros discos, que fueron la rehostia.

Muchas gracias, Franz Ferdinand, por acompañarme en años clave de mi vida y siempre estareis entre mis grupos favoritos pero por lo que se pudo ver en O Son do Camiño, vuestro tiempo ha pasado. Ojalá esté equivocado…

Franz Ferdinand, foto propia.

Nuestra idea, a continuación, era pillar algo de comer para ver a Rufus T. Firefly. No los conozco pero un grupo con nombre en referencia a Sopa de Ganso tiene todo mi respeto. Lamentablemente eran tales las colas que cuando conseguimos un burrito (bastante mierder, por Tutatis) ya teníamos que pirarnos al auditorio o íbamos a ver a a The Killers desde el quinto carallo.

Con la noche ya cerrada, luchábamos por mantener nuestro puesto en la multitud. Me sorprendió hasta cierto punto que la afluencia de gente fuese tan superior a la de Franz Ferdinand pues yo siempre había sido más de estos últimos y, la verdad, tenía bastante olvidados a The Killers. Craso error, tuve que admitir al final de la noche.

Brandon Flowers enloqueció a la gente con solo con su presencia al frente del escenario con su traje setentero y un símbolo de “macho” en el micrófono. Se ganó al público con su carisma y sus frases ensayadas en español: “Hola gallegos ¡Yo también soy un peregrino!” dijo, y joder, la verdad es que mola que se enteren de a dónde han ido a tocar y hagan el esfuerzo de currarse algo. Más si lo comparamos con la pereza de Alex Kapranos diciendo vagamente “Yeah, yeah, son do caminuou, wow, rock and roll.” entre canciones.

Comenzaron con un auténtico melocotonazo (visca el Fary) que, sin embargo, yo no había escuchado jamás ¿Como era posible? Pues porque es una canción nueva. Han sacado un nuevo álbum y el single (The Man) mola una tonelada. Estupenda señal.

The Killers, foto propia.

La gente comentaba que ni el bajista ni el guitarrista eran los de siempre. Lo cierto es que no los conozco, pero si así fue, la verdad es que ello no afectó al espectáculo. La voz de Flowers sonó, de principio a fin, como un trueno. Poder cantar tan bien de forma ininterrumpida no parecía ni posible. Genial también el coro y genial la puesta en escena, cañonazos de serpentina incluídos.

Se guardaban lo mejor para los bises. Tras la pausita de rigor, el líder de la banda regresó con un traje dorado brillante. Se permitió un momento de lucimiento ante el público, con los brazos extendidos, consciente de que lo estaba petando, como diciendo “Yo soy el rey de este monte”. Fue muy difícil mantener la integridad física cuando, finalmente, tocaron “Human”. Un concierto para el recuerdo y que me ha hecho interesarme por los nuevos trabajos de la banda. The Killers, para mí, han regresado de entre los muertos.

Sin tiempo a recuperarnos de esto, comenzó Carlos Sadness en el escenario pequeño. Su actitud me produce bastante rechazo y algunas de sus canciones eran en plan “Two Door Cinema Club wannabe” descarao. Creo que es un problema generacional porque público no le faltó y la mayoría eran bastante jóvenes. No me molesta, pero no me gusta.

Lost Frequencies, foto de O Son Do Camiño

La noche terminó con el Dj Lost Frequencies. Reconozco que no sé apreciar justamente el trabajo de estos artistas, así que me limitaré a decir que nos lo hizo pasar muy bien, que para el caso me parece la mejor crítica que le pueden hacer a uno.

Estábamos agotados, pero llenos de expectativas ante el fin de semana que nos esperaba.

Vaya por Dios, me he extendido demasiado y aún no he llegado al segundo día. Vamos a dejarlo por hoy y a ver si puedo publicar pronto la segunda parte ¡Un abrazo, amigos de Ostia un Lobby, y hasta pronto!

Post de confesiones: Fer Lee’s “Guilty Pleasures”


Los “Placeres Culpables”, lo que no te gusta que te guste, que te produce placer pero te da vergüenza. Bueno, a mi mucha vergüenza no me da, si no no lo estaría publicando.

¿Tenéis ganas de saber de qué penosas actividades disfruta vuestro bloguero favorito? ¡PUES CLARO QUE NO, HOSTIA! Esta es la mítica mierda que sólo mola cuando la escriben famosetes. Pero total, a este blog ya solo entran mis amigos y gente que viene a cascársela con las imágenes de anime, dos colectivos que no se solapan tanto como puede parecer.

La que se avecina

Esta serie peca de casi todos los defectos clásicos de las series españolas: Estereotipos rancios, humor de “Domingas”, capítulos de hora y media con cincuenta mil lineas argumentales (O “tu dispara pa todos lados y malo será que no acertemos”), actores que claramente están ahí por ser familiar de alguien… Y además, otros defectos de nuevo cuño: Normalización de la prostitución, banalización de la violación, gente gritando full-time…

Es, objetivamente y a todas luces, una puta mierda, peeeero me parto culo con cada capítulo. Tal vez eso signifique que tengo un tumor cerebral o algo. A ver si estrenan temporada nueva, joder ya “¡Qué pechotes!”

Qué bajona les va a dar a los del hentai

La hora de los fósforos de “Herrera en Cope”

Ojo, sólo esa sección, no el programa entero. Estamos hablando de guilty pleasures, no de penitencias filipinas. Supongo que soy demasiado joven como para haber conocido al Carlos Herrera prestigioso periodista en New York y ya  le cogí en la etapa Herrera fachuzo señorito andaluz sacado de una peli de Joselito.

Los fósforos es el momento del programa en que los oyentes llaman para contar sus anécdotas a cerca del tema del día. La pedantería y ranciedad de Herrera contrasta con el garruleo del oyente medio de su programa y, sin embargo, comparten un detalle clave que es lo que me hace apuntarme al carro: Su gusto por las anecdotas de cuescos y de follar. No sería extraño encontrarnos con una conversación tal que así:

Carlos Herrera: “Buenos días ¿Ha existido alguna ocasión en la que usted, en público, fue incapaz de contener la necesidad de expeler una ventosidad?”
Oyente: “Hola Don Cal-loh, pues sí, la verdá eh que me pegué un peo en la boa de mi premo que casi rompo loh cristaleh”

La risión.

Rancio is the new sexy

Saber y Ganar

Jajaj, es broma, eso no tiene nada de “Guilty”… ni de “Pleasure” tampoco.

El Chunda-Chunda

Durante mi época de bajista de una banda de indie  (No me puedo creer que me pagasen por aquello) adolecí del mal que afecta a todos los rockeros en algún momento de sus vidas: Pensar que el Rock es la única música buena y que lo demás es mierda. En especial, por supuesto, la electrónica, que como mucho sería para gañanes de coche tuneao, chupa de neopreno y pelo cenicero.

¡Cual sería mi sorpresa cuando descubrí que aquello me gustaba! Y no hablo de la electrónica guay rollito Daft Punk o Justice (Que también! No te jode!), no,  yo voy más allá: El dance noventero, a.k.a. Chunda-Chunda, a.k.a. Bacalao, a.k.a Eurobeat, a.k.a La música del Saltamontes. Os lo recomiendo para hacer ejercicio o lavar los platos en tiempo récord. Funciona, en serio.

Cualquier día lo pongo en el coche a todo volumen con las ventanillas bajadas para poder ir a junto algún reguetonero de estos que andan por la calle con la música del móvil y gritarles “¡¿QUIÉN ES EL HORTERA AHORA?! ¡¿EH?!”

Puse “Tunning” en Google y me salió esto. Evidentemente tuve que ponerlo

Los comentarios de la web de Marca

El periodismo deportivo es un pozo de gilipollez, fanatismo, infantilismo, ridiculez y fracaso escolar. Pero el caso es que sí me gusta el deporte y, qué le vamos a hacer, me gusta el flame online, por lo que lamento la muerte de los foros (salvo Forocoches pero no me va la dronga tan dura). Los comentarios de cada noticia de la web del Marca son un autentico foro en donde asistir a agrias polémicas y festivales de insultos a cerca de temas que no importan una puta mierda.

Yo os lo recomiendo. El domingo, cuando acaba la jornada de liga, abrirse unos Cheetos Pandilla y ver como los forofos exiben su bilis, su ingenio y sus selectas faltas de ortografía. En especial, si el tema trata de refilón la independencia de Cataluña. Aún no me he unido por vergüenza, pero lo acabaré haciendo, ya veréis.

¡Y a mi! Pero de ese Guilty Pleasure, hoy no hablo.

Los videos de Youtube del fulano que calienta un cuchillo con un soplete y corta cosas

Si ya es tonto de cojones hacerlo, imaginad ponerse a verlo. Pero os dejo el enlace, por no sentirme solo en esta absurda e improductiva pérdida de tiempo.

El mejor peor concierto de mi vida


Esta historia ocurrió en el año 2009. Por aquel entonces yo estudiaba en la Universidade da Coruña y, en el campus, anualmente se celebraba un festival de música coherentemente bautizado como Campus Rock.

El nombre que me atrajo a aquella edición fue el de Joe Crepúsculo, un personaje que también tiene un post, pero el protagonista de la noche fue sin duda el grupo Madrileño The Secret Society, que nos regalaron un concierto tan pero tan malo que me lo pasé de puta madre. Vamos, como quien ve Sharknado 3 con los colegas.

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Antes de meterme al lío, aclaro que escribo de memoria y, por tanto, puedo equivocarme en algún dato o en el orden de los acontecimientos. Pero la historia es real.

El festival lo debían abrir los gallegos 6pm a las 20:30, pero los tíos llegaron más de una hora tarde (según se comentaba, se habían quedado atrapados en un atasco en la AP9). La organización no hizo nada al respecto: Simplemente esperaron. Esto empezó a mosquear al personal: Veías a los de la organización discutiendo entre ellos, la gente quejándose (no dejaban de ser una especie de teloneros)… Recuerdo que habían venido los de Radio Galega Música (Creo que los de Estudio3) a hacer un especial en directo… ¡Y los conciertos no habían empezado cuando se acabó el programa! Entre que llegaron, montaron todo, etc… hasta eso de las 22:00 o 22:30 no debieron de empezar. Un caos.

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La AP9. Efectivamente, no tengo ni idea de qué imágenes ponerle a este post.

Tras ellos, llegó ya el turno de nuestros protagonistas: The Secret Society, con la primera sorpresa de la noche: Se trataba de un dúo compuesto por un solo tío con una guitarra. Resulta, como nos explicó él mismo, que su compañero no había podido venir. Pensad en que no solo la gente que ya estaba allí estaba cabreada: A esa hora empezaron a llegar los seguidores de los “cabezas de cartel”, que ya tenían que haber empezado: Los que venían a ver a Joe Crepúsculo (electrónica) se encontraron con una especie de cantautor. Peor era para los que venían a ver a Wau y los Arrrghs!!! (Rock&Roll), que veían que se iban a tragar a un cantautor primero y un concierto de electrónica después. Ninguno de los dos colectivos se cortaron de quejarse en voz alta, claro.

El cantante se vio solo ante un público hostil y se vino abajo. Comenzó el concierto excusándose en plan: “Bueno, es que hoy estoy yo solo… tened en cuenta que solemos tocar en salas y en un festival todo es distinto”. Oye, reconozco que las circunstancias eran adversas y no era su culpa, pero es que hay que ser muy torpe para empezar así. Todos estábamos flipando con aquel personaje, aunque, viesto ahora, lo cierto es que tenía razón: Cada música tiene su momento y la suya no era para un festival al aire libre a altas horas de la noche. Y claro, su actuación fue un bajonazo que no hizo más que aumentar el enfado de los presentes.

Se suponía que eran un grupo de dos guitarras (creo), así que al estar él solo tiró de tecnología y se trajo un looper para grabar el riff de guitarra y tocar sobre él. Algo bastante común y legítimo. Pero claro, no todo el mundo está familiarizado con estas cosas y al ver que, cuando paraba de tocar, una guitarra seguía sonando, alguien gritó “¡Está en playback!”. Entonces alguna gente empezó a silbarle y gritarle… y el tío a contestarles en plan “Bueno, tampoco hace falta insultar”, cosa que, claramente, solo echaba más leña al fuego.

"Pues tampoco creo yo que sea tan grave lo del playback"

“Pues tampoco creo yo que sea tan grave lo del playback ¿No?”

El concierto continuó sin salir de aquel clima hasta que, de pronto, se le rompe una cuerda de la guitarra. El tipo paró el concierto y, tras unos segundos de confusión dijo “¡Menuda putada!… pues no he traído cuerdas de repuesto” – El descojones entre el público era generalizado – “Voy a ver si alguien me deja otra guitarra” y se piró del escenario. Parecía un número cómico. Diez minutos después apareció con otra guitarra, levantando un sarcástico aplauso del público.

Durante todo el concierto, entre tema y tema, el cantante no dejaba de justificarse: Que si normalmente no estoy yo solo, que si normalmente toco en salas pequeñas, etc… Llegado un punto, a colación de lo de las salas pequeñas, dijo algo como: “El siguiente tema, cuando tocamos en salas, lo solemos hacer en medio del público y hoy voy a hacer lo mismo”. Pero cuando se dispuso a bajar del escenario, se dio cuenta de que el cable de la guitarra era demasiado corto; de modo que decidió desenchufarla y bajar igualmente.

Esto que puede sonar bastante cool, fue una decisión bastante mongola: Al desenchufar la guitarra y no tener micro, no se le oía absolutamente nada y, como había bajado del escenario, muchos pensaron que había terminado el concierto y se fueron a la barra. Imaginad la estampa: Todo el mundo yendo hacia la barra y el fulano allí solo, con su inaudible guitarra, en frente del escenario. Solamente cuatro o cinco personas de las que estaban delante de todo se quedaron con él, no se si por pena o por ser verdaderos fans.

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A estos nunca los pillan sin cuerdas de repuesto

Acabado el tema, el cantante subió al escenario de nuevo y volvió a enchufar la guitarra. Podéis imaginar el problema: El público creyó que se había ido y había vuelto 5 minutos después para tocar un bis que nadie había pedido. Recuerdo a un tio gritando: “¿¿Pero que hace este otra vez ahí?? ¡¡Fuera!!” silbidos, insultos… hasta el punto que el cantante dijo “Bueno, bueno, tranquilos, toco un tema más y me voy”. La verdad es que lo recuerdo y me queda la duda de si no sería una especie performance.

Y sí, tocó aquel último tema. Volvió a sacar el looper (A esas alturas ya todo el mundo se había dado cuenta de que era un looper, no playback) y comenzó a grabar pistas de forma que al final parecía aquello una orquesta de guitarras bastante guay. Cuando la letra acabó, el cantante dejó sonar el loop mientras sacaba unos tambores y un platillo para acompañar con percusión aquel final épico. Las guitarras sonaban, él coronaba con un redoble y un “crash”, guitarras, redoble y “crash”, guitarras, redoble… hasta que lo que hizo “crash” fue la baqueta y se le partió por la mitad. No me podía creer la mala suerte que estaba teniendo aquel hombre. Con todo el público despollándose por los suelos, el artista no aguantó más. Lanzó las baquetas a tomar por el culo y se marchó sin despedirse, sin ni siquiera apagar el looper. Las guitarras seguían sonando mientras la gente se moría de risa y aplaudía a rabiar como celebrando que se marchaba ¡Eso sí es acabar en alto!

Peor han acabado otros conciertos

Peor han acabado otros conciertos

Tampoco quiero ser injusto con la banda: No eran malos. El tío cantaba bien y tocaba bien, pero aceptó el bolo equivocado (como el mismo reconoció repetidas veces), no supo leer la situación y fue víctima de la nefasta organización del evento. Y no me pienso disculpar por esta última afirmación: El hecho de que fuesen estudiantes y no profesionales los que lo organizasen no es una carta blanca para liársela a todo el mundo.

A raíz del concierto les di una oportunidad a The Secret Society y escuché sus temas ya en casa. No están nada mal aunque el folk-rock a la americana no es lo mío. Ignoro si siguen en activo, pero he encontrado este vídeo de 2012. Al parecer, por aquel entonces ya eran un grupo.

Este se convirtió en mi “mejor peor concierto”, desbancando al que lo era hasta ese entonces: el de XXL teloneando a Red Hot Chili Peppers en el Xacobeo de 2004, pero eso, como diría Conan, es otra historia.